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7 Factores a considerar sobre la tecnología en nuestro futuro

La filtración por parte de una ex-empleada de varios documentos internos de Facebook al diario The Wall Street Journal desató un escándalo para la red social, y reveló al público que la empresa actúa de una forma muy diferente al discurso que mantiene de forma oficial.

Aunque la información publicada (elaborada a partir de informes y presentaciones internas y de conversaciones online entre empleados) no implica necesariamente que Facebook esté cometiendo algún delito, sí evidenció decisiones éticamente reprobables y una priorización de los beneficios financieros sobre la salud mental y moral de sus usuarios.

En nuestro rol de analistas de usuarios, siempre nos enfocamos en entender esas características o necesidades que nuestra solución buscará satisfacer. Lo que olvidamos, es que esos mismos usuarios ya viven en ese mundo virtual regulado por corporaciones, que progresivamente arruinan a nuestras nuevas generaciones, estandarizando sus características que los hacen únicos.

1. Las Redes Sociales

Las redes sociales se han convertido no sólo en esponjas de tiempo, sino a mayor tiempo estás mirándolas, más te das cuenta cuan fabulosa es la vida de otras personas. Que tan bien lucen, que asombrosas vacaciones toman o que afinados se escuchan cantando a capella. Esto obedece a nuestra búsqueda incesante de validación social, pero a mayor tiempo estés contemplando lo fabuloso de estas vidas, una vez que sueltas el teléfono, tiene la consecuencia de que volverás a la tuya, donde inherentemente sentirás que falta algo.

Esto además provoca otro efecto negativo; te sientes obligado a “reescribir tu vida”. Ese paseo casual y entretenido a la playa con amigos, se vuelve en la excusa para buscar tomar esa foto que muestre lo feliz que eres o simplemente esperar horas por ese atardecer perfecto con el único fin de publicarlo acompañado de alguna frase trillada. Todo esto, en reemplazo de la calidez y alegría de la experiencia en sí. Uno de los ejemplos más claros de esta simulación de nuestra realidad, es el éxito de los múltiples efectos en Instagram o Tik Tok que permiten corregir imperfecciones, hacer situaciones más dramáticas o divertidas de lo que realmente lo son. Con el tiempo te das cuenta que no puedes seguir el ritmo de inventar una vida constantemente, lo que nos convierte en personas extremadamente inseguras de nuestra vida real. Si antiguamente te comparabas con la vida mediocre de tus vecinos, hoy esta barrera ya no existe, teniendo al alcance la vida de personas de todas partes del mundo y de las más variadas características. Una guerra que jamás podrás ganar.

2. La cámara del eco

Este efecto se vuelve más alarmante, en el denominado efecto de cámara del eco. Las redes sociales están diseñadas bajo la premisa del “cómo te mantengo conectado el mayor tiempo posible”, ya que es la forma de extraer el mayor valor de ti. Instagram busca que compres más cosas, Facebook que mires la mayor cantidad de avisos, etc. La retención es la clave. ¿Cuál es la mejor forma de evitar que alguien escape?, enviarlo directo al hoyo del conejo. Cuando abres Amazon, lo primero que ves son sugerencias específicamente dirigidas a ti, cuando abres el buscador de Instagram, despliega la categoría donde más tiempo inviertes. A medida que estos algoritmos se hacen cada vez mejores en entender nuestras preferencias, se hacen también más eficientes en retenernos. Si lo ves de una forma práctica, es como encontrar contenido que te interesa, sin tener que buscar por él. El problema es que al largo plazo, esto está cambiando a las personas. Imagina que un día abres un video comparando un iPhone con un teléfono Android. Al terminar, seguramente querrás saber más información sobre por ejemplo el iPhone. El algoritmo interpretará esto como una necesidad, filtrando todos los días nuevo contenido relacionado a este teléfono que comenzará a reafirmar mi preferencia. Al cabo de unos días ya seré quizás un fan, seguiré sus RRSS y posiblemente esté discutiendo con extraños que consideren que Android es una mejor opción. Mas adelante al ingresar nuevamente a Amazon, este ya no solo me ofrecerá el teléfono, sino también el iPad, iWatch, etc. Como ya en ese punto estaré tan convencido de la marca, la compraré sin ni siquiera darle la oportunidad a escuchar los argumentos de un amigo que quizás me ayude a tomar una mejor decisión.

Independiente del ejemplo, lo realmente preocupante es que solo el ver un inocente video en YouTube, puede llegar a convertirme en parte de una tribu o burbuja online, que inserta mi opinión en la de otros usuarios de similares características. Hablar de teléfonos es una cosa, pero esta polarización se vuelve peligrosa cuando comienza a influir sobre temas delicados como política, aborto, cambio climático, medidas sanitarias, etc.

3. Negatividad

Una de las formas más explotadas para mantener la retención, es la negatividad. Los humanos estamos programados para sobre valorar la información negativa en relación a la positiva, esto debido a que para nuestros ancestros, la información negativa era asociada a condiciones que podían poner nuestra vida en riesgo, como por ejemplo la presencia de depredadores. Si hoy hiciéramos el experimento de colocar dos videos, uno hablando de las ventajas de un producto y otro del por qué deberías odiarlo, el segundo tendrá al menos el doble de visitas. Esta es también una de las razones por la que la mayoría de la información que se promociona en medios de comunicación, es negativa. Nos predispone a estar altamente receptivos y reactivos a la evolución de los eventos y por cierto no dudar en atacar a un adversario de opinión.

4. Falsa idea de confianza

La corona a todo esto lo constituye la falsa idea de confianza que provee el internet, o técnicamente hablando, “el efecto Dunning Kruger”. Es un efecto bastante común en donde las personas sobre estiman lo que entienden, sobre lo que realmente dominan. El efecto puede graficarse como una U, teniendo al nivel de confianza en el eje Y, y a las competencias en el X. Las personas que menos competencias tienen, tienden a tener más confianza en sus palabras, mientras que los que saben medianamente sobre las cosas, tienden a tener un nivel de confianza parecido. En el caso de los expertos, completan la U del gráfico al tener un gran set de competencias y una gran confianza debido a ello.

Este sesgo existe desde los principios de la humanidad, pero el efecto eco que produce la internet, hace que se dispare. Por ejemplo, si estoy convencido que la tierra es plana, el internet se asegurará de reforzar mi creencia y evitará mostrarme contenido que lo contradiga, pues estaré menos interesado a revisarlo. Esto no sólo nos une más a gente que piensa como nosotros, sino también nos distancia de aquellos que podrían darnos una opinión diferente.

Todos estos mecanismos de autocorrección que ocurren en una sociedad normal, por ejemplo un vecino que señale que tu teoría es absurda, en internet se diluyen, ya que si por casualidad aparecieran artículos contradictorios, estoy a un click de bloquearlos y mantener mis creencias intactas. Esto hace que cada vez me sienta más confiado de mi incorrección, lo que termina llevándonos al siguiente punto.

5. Aislamiento

A medida que nuestros disipativos inteligentes se hacen cada vez más eficientes, nos comenzamos a preguntar, ¿para qué necesitamos a otras personas? Ya no es necesario pasar una tarde con mi abuela aprendiendo a cocinar su famoso pie de manzana, cuando puedo encontrar la misma receta en YouTube en un par de clics. Ya no necesitamos amigos con los cuales compartir opiniones si tenemos grupos de Facebook llenos de desconocidos con los cuales hacerlo y que además nos dirán lo que queremos escuchar. Ni hablar de bajar del auto en un día lluvioso a pedir indicaciones cuando Waze puede entregarte la dirección exacta. Esto nos hace pensar fuertemente que la IA en el futuro tomará gran parte de nuestras decisiones. Ya existen drones automatizados que pueden hacer entregas, autos que se conducen solos, máquinas que aspiran el piso mientras no estás en casa o incluso sistemas informáticos que ya pueden dibujar, componer música o incluso programar en base a su aprendizaje constante. Si bien los humanos seguiremos necesitando de los demás, nuestro interés por compartir con ellos cada día será menor. Si esto lo vemos en el contexto de las nuevas generaciones, donde la tecnología los ha acostumbrado a recibir resultados o respuestas de forma inmediata, es solo proyectar esta curva de inmediatez, al punto donde el sólo hablar en persona con otro ser humano, se convertirá en una tortura.

Uno de los factores que aceleró este proceso, fueron los encierros debido a la pandemia. Amigos que gustaban de jugar juntos, pronto comenzaron a hacerlo en línea. Una vez que la normalidad comienza a retornar, las personas ya no ven esa necesidad de compartir en vivo algo que pueden seguir haciendo online. Ya es común ver amigos sentados juntos en una mesa de algún restorán, donde si bien están juntos, sólo atienden a sus teléfonos. Existen múltiples otros ejemplos, pero uno de los más patentes, es la compra en línea. Pese a que las tiendas ya abren de forma regular, las personas no han retornado con el mismo ímpetu, permitiendo al comercio online seguir creciendo de forma exponencial. ¿Para que recorrer una tienda llena de productos que no me interesan, cuando puedo buscar exactamente lo que necesito en la comodidad de mi habitación? Lo aterrador es que no es circunstancial, es algo que estamos eligiendo. El aislamiento es más fácil, eficiente y menos embarazoso.

6. Caos

Al combinar los sentimientos asociados a estos factores; envidia, negatividad, polarización y exceso de confianza nos lleva indudablemente al caos. Vivimos en la cultura de la cancelación. Miles de personas odiando o quejándose de otras, semejante a una pelea de sordos, donde todos creen ser dueños de la verdad y tratan de imponer su opinión. Es sólo cosa de abrir Twitter diariamente y revisar los temas de tendencia y ver a miles de personas insultándose de forma gratuita. Nadie puede ganar en una discusión en la cual nadie está dispuesto a escuchar los argumentos de la otra persona y donde sólo se busca quedar con la última palabra. Cuando existe este nivel de caos, el problema se presenta al tratar de diferenciar lo real de lo falso. Con tecnologías actuales como Deep fake o ediciones digitales, es posible transmitir mensajes que claramente puedan engañar a la opinión pública. Ya con solo anticipar un poco lo que serán los metaversos, y la oportunidad de adquirir la identidad que se desee, será prácticamente imposible diferenciar lo que es real y lo que no lo es. De fondo, mientras más comprometido estés con este algoritmo que se alinea con “tu verdad”, más estarás de acuerdo con involucrarte con esté mundo cómodo y distante de una verdad que podría ser incómoda. Es curioso saber que nuestra sociedad atraviesa su mejor momento, con altas tasas de longevidad, salud y riqueza per cápita, impensadas en cualquier otro periodo de la historia, pero aun así, la que presenta mayor descontento social y niveles de protesta. Descontento que termina en índices de violencia, donde el diálogo ya no parece ser una alternativa válida.

7. Vigilancia

Vivimos en una era de revolución tecnológica. Cohetes espaciales, IA, microprocesadores, teléfonos inteligentes, etc. y pareciera que nadie quisiese ponerle un freno. Nuestras vidas, hobbies, relaciones, incluso nuestros crímenes se han vuelto digitales, a tal punto que los gobiernos están viendo esta oportunidad para regularlo de una forma nunca antes vista. Hace muy poco, Apple implementó un escaneo automático de las imágenes contenidas en sus teléfonos, a modo de buscar abuso infantil y llevar a sus dueños ante la justicia. Esto podría interpretarse como una buena medida, obviando la cantidad de errores de software que podrían llevar a inocentes a tribunales, sino que plantea en dónde está la línea para que los gobiernos exijan implementar rutinas parecidas y controlar actividades que les parecieran a ellos inapropiadas. Esto suena algo extremo, pero es algo que ya sucede en la China moderna, la cual ya posee un sistema donde sus ciudadanos son rankeados de acuerdo un sistema de puntos que califica su comportamiento.

Acá ya no estamos hablando de cometer delitos, sino de acciones tan simples como cruzar la calle por donde no es debido o poner la música muy alto en público. Este sistema puede dañar dramáticamente tu estilo de vida, ya que un bajo ranking te impide tomar ciertos vuelos, trenes, acceder a ciertos hospitales o solicitar financiamiento. En Canadá el gobierno bloqueó las cuentas de todos aquellos que donaron a la llamada “marcha de la libertad” y en Australia encarcelaron a una mujer por publicar en Facebook un comentario en contra de las medidas sanitarias adoptadas por el gobierno. Aunque estos ejemplos aun parecieran estar lejanos a nuestra realidad, no olvidemos que nuestro comportamiento digital hoy ya decide cosas. Si no tienes un buen score de pago, no obtienes un crédito, tienes bajas puntuación en Uber, no consigues uno en horario peak, etc. El llegar al nivel que tiene China, es solo cuan cerca estemos de la tecnología y cuan dictatoriales se vuelvan nuestros gobiernos.

Conclusión

Estamos en un mundo donde la gran mayoría de nuestros artefactos recopila información de nuestras actividades, desde lo más obvio como lo son nuestros teléfonos, hasta el refrigerador inteligente que calcula el pedido semanal de verduras. Si lo proyectamos unos años, y a medida que nuestros artefactos se vuelvan cada vez más eficientes en satisfacer nuestras necesidades, no será raro dotarlos de la inteligencia suficiente para que aprendan de nosotros a niveles que ni nosotros podamos comprender.

Si bien muchos siguen viendo a Facebook, como una entretenida red social que permite conectar con viejos conocidos, la realidad es que es al igual que todas las RRSS, son una sofisticada pieza de software, desarrollada por compañías que busca obtener el mayor beneficio comercial de ella.

No quiero que se entienda que tengo una aversión a la tecnología ya que gracias a ella la humanidad ha alcanzado objetivos increíbles y es parte esencial de lo que hago diariamente. Sino más bien plantear la reflexión de a quién de los grandes exponentes de la misma (Amazon, Google, Facebook, Apple, Tesla), le estamos confiando nuestra “libertad”.

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